El secuestro es un hecho inhumano, que sin lugar a duda denigra y destruye, no solo a quien lo vive de primera mano, también a su círculo; la desesperación y angustia se adueñan de la familia. indiscutiblemente es doloroso. Saber que tu vida está en manos de alguien más lleva a la desesperación, pensar que pudo ser el último abrazo a tu madre, tus hijos y hermanos, desear hacer tantas cosas, pero que todos tus planes dependan de la “piedad” de unos criminales que sin compasión poco a poco te arrebatan la esperanza.

Yo, Néstor Alberto Ríos Vargas, fui víctima de secuestro y sentí en carne propia ese dolor e incertidumbre. Me secuestraron en el año 2012 cuando llevaba años haciendo labor social, misma razón por la que se desencadenó esta situación. Dure dos meses en cautiverio, yo era consciente de lo que estaba pasando, entendía cuál era mi situación, pero pensaba en lo que estaría sintiendo mi familia y esa fue la parte más dolorosa en ese tiempo, no podía dejar de pensar en el dolor que esto le estaba causando a mi madre.
Efectivamente, cuando fui rescatado por el equipo Gaula de la Policía, mi familia me dijo que los secuestradores se habían comunicado con ellos 18 días después de que desaparecí, para ellos fueron los días más largos que han pasado en sus vidas. A pesar de esta desafortunada experiencia salí con más ganas de hacer labor social, de ayudar a personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad y poder aportar a familias brindando oportunidades de educación y empleo, porque creo que el cambio está en cada uno de nosotros, creo en las segundas oportunidades y creo que podemos hacer del mundo, un lugar mejor.

